Un proceso desinhibiditorio

En primer lugar, no es que me anime: simplemente no me freno. Saco la inhibición que tengo como cualquier hijo de vecino. Estamos en una cultura de la inhibición, estamos en una cultura donde la maestra de la escuela primaria enseña levantando el dedo, con autoridad imperial: “No hagas tal cosa”. Todos hemos vivido una cultura del freno, una cultura de la inhibición, una cultura del pecado, una cultura de la culpa —usen todos los matices que quieran—. Entonces, como venimos de allí, yo creo que realmente a la criatura no hay que impulsarla a hacer cosas; hay que evitar que la frustren en su iniciativa, que es muy distinto. Porque una cosa es empujar a hacer cosas —que después, de hecho, también es así—, pero otra cosa es saber que esa fuerza la traemos cuando venimos, cada uno viene con su pequeña llamita […]

Lo que yo he tratado, en lo posible, ha sido crear un proceso desinhibitorio. No es fácil, uno sufre muchísimo. Sobre todo en la adolescencia que es un momento muy duro; es muy difícil estar seguro de por dónde va la cosa cuando uno no tiene tanta vida acumulada ni tanta experiencia. Es más, creo que ese tipo de seguridad no es muy recomendable, porque a mí la gente que está muy segura de sí misma, muy segura de todo lo que hace, tampoco me gusta mucho. Me parece que la duda es un elemento fundamental para poder crecer, para poder desarrollarse. Entonces, en ese sentido, lo que sí traté de hacer —si me aceptas esta expresión— casi sistemáticamente, fue no creer en los que me decían “no se puede”; incluso en mí mismo, porque también hay una voz interna que dice “no se puede”. ¿Por qué no se puede? Pero, claro, tampoco se trata de transformar el “no se puede” en un “sí se puede”; lo que vale es decir “vamos a probarlo”, “vamos a intentarlo”, “probemos”. De ese “probemos”, viene una sucesión de impulsos, de estímulos, con los cuales, en medio de dudas, problemas, sufrimientos y alegrías, uno vive de forma experimental. Uno es el primer sujeto de la experimentación, y después trata de transmitir esa búsqueda. Para ser más correcto, diría que eso ocurre simultáneamente o casi. No es que yo primero piense y después lo haga, yo pienso y hago a la vez estas cosas que están viendo. 1

  1. Birri, Fernando and Jorge Ruffinelli, Soñar con los ojos abiertos: Las treinta lecciones de Stanford, 1st ed. Buenos Aires: Aguilar, 2007, pp. 366-368. 

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