Sombras eléctricas

A mitad de los años 90, el cineasta brasileno Orlando Senna visitó a Fernando Birri en Cuba. El encuentro tuvo lugar en el Hotel Habana Libre, donde Birri, que en esa época ya tenía casi setenta años, estaba decidido a mostrar sus nuevas obras –no en papel, sino emergiendo de la pantalla de su nueva computadora Macintosh. Birri había descubierto un nuevo medio de expresión a través del dibujo digital, experimentando con Kid Pix, un programa de creación artística pensado originalmente para niños. “Creo que al fin encontré mi instrumento de trabajo.” 1 le comentó a Senna. Los glifotronics 2 habían nacido.

Guiado por un compromiso de por vida con la exploración de todas las tecnologías y modos de expresión posibles, la computadora, que él llamaba “la máquina tocada por la gracia del Misterio Electrónico” 3 fue para Birri una herramienta crucial a través de la cual podía experimentar con la luz, la forma y el azar. Estas obras existen en una temporalidad estratificada, combinando tecnología con los temas más constantes de Birri: los mitos, la sexualidad, y el cosmos. Birri las imprimió y las reprodujo, creando una forma de arte electrónico que se expande a través de medios y fronteras.

  1. Vieites, Mary and David Blaustein, Fernando Birri: La primavera del Patriarca. Buenos Aires: Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken; Altamira, 2004, p. 69. 

  2. Fernando Birri also spelled the term as Glifotronik

  3. Birri, Fernando and Jorge Ruffinelli, Soñar con los ojos abiertos: Las treinta lecciones de Stanford, 1st ed. Buenos Aires: Aguilar, 2007, pp. 365-366. 

Navegación